miércoles, 7 de mayo de 2014

Suka.

Suka corría con todas sus ganas, desesperado por atrapar a su presa. A pesar de llevar una enorme ventaja sobre el resto de la manada por su gran avance, haciendo honor a su nombre, las pocas fuerzas que le quedaban rozaban ya sus propios límites y empezaba a dudar de si mismo. Cada bocanada de aire inspirado se colaba como una gélida cuchilla en sus pulmones, que ya amenazaban con rendirse. El lobo sabía que si no conseguía atrapar a aquella humana cuanto antes agotaría definitivamente sus reservas corporales, las cuales había ido gastando en numerosas cazas fallidas en las últimas semanas, y el resultado podía ser fatalmente mortal. Pero precisamente por eso necesitaba llegar hasta el final.

No le gustaba nada la idea de que el bocado que tendría que llevarse a la boca fuese una humana, dado su pasado, pero había llegado al extremo en que su propia vida peligraba y ya nada le importaba más que alimentarse. Solo tenía que aguantar un poco más, solo tenía que esperar a que la humana acabase de agotarse antes que él o a que cometiese un error y cayese al suelo.

Y así fue.
En cuanto lo estaba pensando en seguida pudo ver como la chica tropezaba y caía aparatosamente de bruces.

Se deshizo de la escasa distancia que lo separaba de ella y en seguida llegó a su altura. Pero en cuanto estaba a punto de abalanzarse sobre la humana para darle el mortal mordisco algo lo detuvo al instante. Un olor familiar dió de lleno en sus fosas nasales y lo transportó a cuando todavía era un pequeño lobezno. El olor de la humana que lo acogió y lo crió entre los suyos. No era posible, no podía ser ella... ¿acaso el hambre estaba provocando ya semejantes estragos en su memoria como para que empezase a delirar?

La chica se giró, extrañada de seguir todavía con vida, para encontrarse de frente con un inmenso lobo negro que la tenía apresada con dos patas a cada lado de su cuerpo. Pero no gritó, pues en cuanto reconoció aquellos ojos amarillos que la miraban todavía alucinados supo reconocer a su eterno amigo de la infancia.

"Suka..." murmuró casi para sus adentros. El lobo solo respondió bajando el hocico para olerla y lamerle la mejilla, como en los viejos tiempos. Pero su momento de paz duró poco, el reencuentro se vió interrumpido por la llegada del resto de la manada, que se situó en posición de ataque alrededor de ellos.

Los tres lobos que acababan de llegar no avanzaron hacia ellos, esperaban dudando y preguntándose porqué la humana seguía con vida. Para su sorpresa Suka reaccionó enfrentándose a su manada, se interpuso entre los recién llegados y la chica y gruñió en señal de amenaza. El más atrevido y temerario de sus compañeros, también el más joven e inexperto, intentó plantarle cara sin éxito. Recibió un mordisco en la oreja antes de que pudiese reaccionar, y al momento retrocedió entre quejidos. Suka era el más fuerte de todos, no en vano había sido su líder hasta ese día. Así que los otros dos, más viejos y cansados, decidieron marcharse antes de enfrentarse a él y salir mal parados.

En cuanto se hubieron ido el lobo negro volvió al lado de su antigua dueña y se recostó a su lado, apoyando su enorme cabeza sobre el regazo de la chica, con un quejido que pareció incluso un suspiro. Ella se levantó en seguida y abrazó con fuerza a su peludo amigo, emocionada con el reencuentro y agradecida por seguir con vida.

Pero algo no marchaba bien con Suka. El lobo empezó a emitir unos leves quejidos, casi inaudibles, mientras intentaba pegarse todavía más al cuerpo de la chica. Se estaba quedando frío, el calor se escapaba de su cuerpo rápidamente. La chica en seguida se fijó en que a pesar del espeso y negro pelaje del animal a Suka se le podían ver las costillas a simple vista, y fue entonces cuando cayó en la cuenta de que su amigo estaba viviendo sus últimos segundos. Había gastado hasta la última de sus fuerzas en aquella carrera desesperada, y ahora moría de hambre entre sus brazos por dejarla con vida.

Abrazó todo lo fuerte que pudo a su lobezno, como si quisiese atrapar la vida que se le escapaba, mientras las lágrimas inundaban su pelaje.

...


4 comentarios:

  1. Aw *-* LOBOS. No podías empezar de mejor manera un blog xD Aunque la situación es triste. Reencontrarse para morir. Felicidad y después agonía, un cambio repentino. El lobo sacrifica su vida por la de la humana que lo acogió cuando era pequeño. No esperaba que lo fueras a acabar así... Y aun así me ha gustado xD
    Un beso!!

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  2. Me has hecho llorar... Esperaba que se lo llevase a su casa y le diese de comer después de todo, de ese reencuentro tan bonito que has escrito. Me has hecho sentir muchas cosas, entre la alegría y la pena y al final se me ha terminado derramando alguna que otra lágrima con el trágico final del Suka. Sin duda, un amigo para toda la vida, más allá de su último aliento.
    Muy bonito... Precioso, me ha encantado.

    Muchísimos besos, cariño :)

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  3. Gran relato! Muy emotivo... Un final triste, aunque muy noble para ese gran lobo. :)

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  4. Gaia, no puedes empezar haciendo medio llorar a tus lectores, joder T.T
    Por un momento me había olvidado de que Suka se estaba muriendo de hambre, ya que esa escena tan conmovedora me había inundado completamente T.T Qué bonito reencuentro, y además salvando a su vieja amiga del ataque de los lobos...
    Yo creo que Suka ha muerto feliz, bajo los brazos de un ser querido, y en los últimos momentos de su vida... Sálvandola-

    Ay jopetas qué bonito todo. Y el gatito de arriba de la cabecera es jkgsahd *^* Me lo como.
    Me alegro de volver a leerte!

    UN BESAZO ENORME!

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